¡Un Oso muy despistado!


PUNTOS DE VENTA "SÍ SE PUDO"


Así como reza el dicho: “Sarna con gusto, no pica”. Pues bien, después de contarles esta anécdota, no tendré de qué quejarme.

     Fue en el año 2006, luego de un partido ante Sporting Cristal en el estadio “San Martin de Porres”.
    Al terminar el partido y con todo el cansancio acumulado, tenía ganas de llegar lo más pronto posible a casa. Igual sucedía con Carlitos Fernández.
     En pleno camerino, después de ducharnos y mientras conversábamos sobre la forma más rápida de salir del estadio y empezar el largo trayecto, el Oso Villalta nos ofreció llevarnos hasta nuestros casas.
    Hago un paréntesis para recordarles sobre la peligrosidad del Oso, que no es sino la capacidad de este despistado para meter en problemas a todo aquel que se cruce en su camino. Pues bien, aún sabiendo de ese talento, Carlitos y yo aceptamos acompañarlo rapidito en taxi al hotel Savoy, recoger su camioneta e inmediatamente partir hacia nuestros hogares.
     Aceptamos aún sabiendo del gran riesgo que corríamos. Pero el Oso nos prometió insistentemente que esta vez no nos metería en problemas y llegaríamos rápido.
    Llegamos rápido al Hotel y fuimos directo al estacionamiento. A primera vista nada nos llamó la atención, pero cuando quisimos subir, intuimos que algo malo pasaría.
     Era una camioneta bonita por fuera, pero sinceramente, un caos por dentro. Solo al abrir la puerta cayó ropa de su interior y para poder sentarnos debíamos primero arreglar algo del desorden allí dentro.
    Además de ropa regada por los asientos, encontramos una waflera ¿?, un cargador de lap top ¿?, una bandeja de comida ¿? y otras tantas cosas que de solo verlas nos causaron risa, no entendíamos cómo llegaron a parar ahí. Varios minutos nos tomó llevar el desorden a la maletera, que aunque estaba peor, nos haría espacio para poder sentarnos.
    Apuramos al Oso porque el tiempo seguía pasando, pero él, con su angustiante calma de siempre, encima nos preguntó por la llave del carro ¿?.  –“Miguel, es tu carro, ¿qué sabemos nosotros?”–, le recriminé. Pero como no la encontraba, debimos ayudarlo a buscarla entre la ropa (Además de jeans, nos topamos con camisas y hasta ropa de la selección nacional).
    Después de buscar por todos los rincones, la encontró mágicamente en el bolsillo de su propia casaca. Carlitos y yo renegábamos al verlo, pero ya con la llave en sus manos, resignados le pedimos salir rápido de allí. Solo faltaba un detalle, por salir apurado del estadio no tuvo tiempo de cambiarse, así que nos pidió buscarle un buzo mientras él buscaba las zapatillas. He ahí el gran problema: solo encontró una. 
    Carlitos y yo lo queríamos matar, solo unos minutos atrás las había tenido en la mano, pero las perdió mientras buscaba la llave. Pues bien, esta debería estar cerca, porque era imposible que se pierda en un espacio tan reducido y nadie más se había acercado. 
    Más de veinte minutos la buscamos, metidos los tres en la camioneta, dándole vuelta a toda la ropa, buscando entre los asientos y finalmente, cuando ya habíamos tirado la toalla, él salió a tomar aire y empezó a reírse a carcajadas. La había encontrado.
    La bendita zapatilla estaba en el techo de la camioneta.
    A ustedes les podrá parecer gracioso, pero Carlitos y yo no quedamos muy felices y durante todo el trayecto nos lamentábamos por haber aceptado su oferta. ¡Demasiado tarde para hacerlo!
    Así que si ven al Oso, ¡aléjense!, porque es un peligro para cualquiera de ustedes.