Un chico llamado Gregory


PUNTOS DE VENTA "SÍ SE PUDO"

 

Esta anécdota es cortita pero muy divertida, ocurrió el 2002 en un entrenamiento en el estadio Garcilaso.

     Recuerdo que Cienciano acostumbraba invitar a entrenar con el equipo principal a chicos cusqueños que hayan destacado en la Copa Perú.

     Era una gran oportunidad para jóvenes aspirantes a ser jugadores profesionales, aunque solo eran dos o tres los elegidos.

     Aquella mañana recuerdo a uno especialmente; era “blancón”, bajito, delgado, muy veloz y se había teñido el pelo de rubio.

     El entrenamiento sería ligero, habíamos “calentado” haciendo “camotito” y nos disponíamos a hacer remates al arco.

     El profesor “Lucho” Cuba estaba al mando de la práctica y nos alegró la soleada mañana al decirnos que toda la práctica sería con balón. Eso nos puso de mejor ánimo y entre risas empezamos a entrenar.

     Todo lo contrario eran los muchachos a “prueba”, nos veían algo tímidos y se ponían nerviosos ante cada llamada de atención del “profe”.

     Mientras hacíamos remates al arco, recuerdo que esperaba mi turno atrás del muchacho de pelo pintado, por tratar de darle confianza le pregunté su nombre, él muy tímido me respondió: Me llamo Gregory.

     Mis compañeros escucharon y después de saludarlo empezaron a bromear por su nombre “gringo” y el pelo pintado. La fila avanzaba y mientras yo le daba indicaciones, Gregory sonreía con los demás jugadores que lo seguían “vacilando”.

     Todo iba bien, Gregory parecía relajado y en confianza, hasta que le llegó su turno. De pronto se puso tenso y miró en dirección del “profe”.

     El profesor Cuba esperaba a diez metros de nosotros y era quien nos servía el balón para rematar al arco, a unos veinte metros más allá. Al verlo le preguntó su nombre y Gregory le respondió tan tímidamente que ni se escuchó.

     El “profe” hizo un gesto de fastidio y al verlo tan tenso le repitió la pregunta pero de forma mucho más enérgica:

     –¡Muchacho!, ¿¿Cómo te llamas??

     Eso hizo que entre en pánico y se ponga nuevamente nervioso, volteó a miramos como queriendo pedir ayuda y al volver la mirada al “profe” gritó:

     –¡¡Me llamo Gregorio profesor!!

     Al notar el cambio de nombre, todos nosotros estallamos en risas, nos dimos cuenta que lo había cambiado tal vez por sentirse acomplejado y de puro nervioso terminó gritando el verdadero.

     Después de eso no volvió a hablar más, al poco rato fingió que le dolía la pierna y salió del entrenamiento. Nunca más volvió aún cuando le quedaban varios días más para asistir.

     Un par de veces me lo crucé paseando por la ciudad y al saludarlo recordaba aquel momento. Me apenaba darme cuenta de la gran oportunidad perdida por su timidez, pero peor aún por avergonzarse de un nombre que tal vez tenga mucho significado en su familia.

     Y ustedes, ¿a cuántos Gregory conocen?