Partido de despedida


PUNTOS DE VENTA "SÍ SE PUDO"


Víctor llegó al hotel acompañado de su árbitro asistente. Sabía de la importancia del partido del día siguiente, pero su mente solo pensaba en que después de eso debería pasar al retiro.

Había sido uno de los más importantes árbitros de la liga profesional, pero siguiendo la costumbre de los que pasaban al retiro, había pedido dirigir en el torneo de ascenso esos últimos meses.

Nadie especuló, todos sabían el motivo de su pedido y como si fuera algo normal, simplemente lo programaron para dirigir los partidos más importantes.

Jugaba de local el Deportivo Aguas Rojas, equipo que ya estaba eliminado pero que había recibido un incentivo económico de La Universidad de Poesía para ganarle a su rival de turno y darle a ellos la clasificación a la liga profesional. El Atlético San Juan era el rival y sabía del incentivo de los “poetas”, pero necesitaban solo de un empate para campeonar.

No sería un partido fácil para San Juan, esa cancha era famosa por su mal gramado y su hinchada agresiva. Pero habían tomado las precauciones necesarias y de paso sus dirigentes habían “arreglado” a los árbitros. Todo estaba fríamente calculado. Cincuenta mil soles que convencían a cualquiera y Víctor no había demorado mucho en aceptar.

Llegó el día y con esa confianza empezaron el partido, aguantaron sufriendo casi todo el primer tiempo. Ayudados por el árbitro cada vez que cobraba faltas inexistentes y alejaba el peligro de su área, tuvieron la tranquilidad necesaria para tomar confianza y atacar hasta que llegó en gol que les aseguraba aun más el título. Con esa ventaja se fueron al entretiempo.

Al empezar el segundo tiempo algo había cambiado. Víctor ya no era el mismo y ahora eran ellos los perjudicados con sus cobros. Los jugadores no entendían y reclamaban sus equivocaciones con euforia dándole a Víctor la excusa para expulsar a su capitán.

En la banca del San Juan, el entrenador no podía creer lo que veía y miraba sorprendido a los dirigentes de su equipo que le devolvían su mirada incrédula desde la tribuna. Nadie entendía nada. Solo les quedaba aguantar el empate que les daba el título y sacando “fuerzas de flaqueza” hacían una conmovedora defensa de su arco. Aguas Rojas veía impotente como sus intentos eran controlados por los de San Juan y la desesperación iba alejando aun mas sus posibilidades.

Todo parecía perdido para ellos. El árbitro asistente dio tres minutos de alargue y en el último ataque de los locales, lograron meter el balón al área de San Juan y ante un tumulto con jugadores de ambos equipos, Víctor tocó el silbato. Había cobrado penal.

Ni siquiera los favorecidos festejaron el cobro porque no acababan de entender si era a favor o en contra. Pero el ver el gesto de Víctor señalando el punto penal y al asistente correr en clara señal del cobro, festejaron incrédulos el regalo del árbitro.

Los jugadores de San Juan se le fueron encima a reclamar, pero después de ver impotentes como Víctor expulsaba a otro de sus compañeros, entendieron que todo estaba decidido.

El capitán de Aguas Rojas se paró frente al arco y después de un remate fortísimo, hizo el gol que si bien no les significaba nada deportivo, si les aseguraba un buen dinero para pasar unas buenas fiestas de fin de año.

Víctor decidió acabar ahí mismo el partido y la algarabía de los hinchas invadiendo el campo le dio la oportunidad a los dirigentes de San Juan buscar al entrenador de su equipo y juntos ir a reclamarle la traición al árbitro.

–¡Te pagamos para que nos ayudes, eres un ladrón!–, le gritaron.

–No se preocupen que les devolveré su dinero–, replicó Víctor.

–Eres un traidor Víctor.

–Lo siento muchachos, pero recibí una llamada en el entretiempo.

–¿Y a nosotros eso que nos importa?–, gritaron más molestos aun.

–Es que el presidente de los “poetas” me ofreció el doble. ¡Lo siento muchachos!

Luego de eso se volteó, miró a su asistente y sonriendo se alejaron a su camerino.