Mi “Bautizo” en México


PUNTOS DE VENTA "SÍ SE PUDO"


Llegué a México en agosto del 2004. Mi nuevo equipo era el Monarcas de la bella ciudad de Morelia.

El equipo entrenaba desde un mes antes y además de la pre temporada habían hecho varios partidos amistosos donde su técnico Eduardo Acevedo, antiguo seleccionado uruguayo, iba plasmando la idea de juego que quería para el equipo.

Como era lógico debía adaptarme rápido a esa idea pero también al grupo de jugadores. Algo que no me costó mucho porque encontré que los mexicanos tienen mucho en común con nosotros los peruanos. Son muy pegados a sus costumbres y a su comida, les gusta hablar con mucha jerga y tienen en su mayoría un carácter alegre y muy bromista.

Así que hice buena química muy pronto con ellos. Armando Vara, reciente jale mexicano del equipo, pasaba todos los días por el hotel a recogerme para ir a los entrenamientos.

El torneo empezaba solo una semana después así que me apuré en buscar departamento mientras iba conociendo la ciudad. Los días pasaban y en cada entrenamiento se acercaba a mí el “viejo” Fuentes, arquero suplente del equipo y bromeaba diciéndome que debían encontrar la forma de “bautizarme” antes de empezar el campeonato. Yo solo asentía y aún sin mucha confianza me reía de sus amenazas.

Nuestro debut sería de locales contra el Pachuca y para mi sorpresa el técnico decidió incluirme entre los convocados. Mi adaptación venía muy bien y con ese llamado gané mucha mayor confianza, así que fui a la concentración del equipo con las ganas de tener un buen debut.

El día del partido llegamos al estadio y vi que era un fiesta; no solo en las tribunas llenas de gente, sino en la misma cancha donde desfilaban muchas anfitrionas promocionando las diferentes marcas auspiciadoras del equipo. El marco era espectacular.

Ya en el camerino mis compañeros seguían amenazando con mi “bautizo” mientras yo me iba alistando y poniendo la camiseta número catorce que me habían asignado. La hora del partido se acercaba y veía difícil que cumplan su palabra, pero el “viejo” conversaba secretamente con los suplentes evitando que me diera cuenta. Algo raro “cocinaban”.

Después de dar las “vivas” o “porras”, como allá le dicen a las arengas antes de salir al campo, salimos por el túnel y fuimos directo a la banca de suplentes. El equipo titular se iba formando para la foto respectiva mientras nosotros nos íbamos acomodando en la banca. Primero el técnico Acevedo con todo su comando y luego uno a uno los jugadores. Yo fui el cuarto y previo a mi se sentó el “viejo” Fuentes. Ésta vez no dijo nada y solo arengaba a los muchachos que ya esperaban el inicio del juego.

La cámara de transmisión de Tv Azteca empezó a recorrer la banca para enfocar lentamente uno a uno a todos los jugadores, empezando por el comando técnico hasta que llegó a mi. Pero algo raro sucedió, el camarógrafo se quedó enfocándome y giraba tanto a mi derecha como a mi izquierda, lo miré extrañado y a los pocos segundos empezó a carcajearse.

Me di cuenta que algo raro pasaba. Inicialmente pensé que el interés era por enfocar al nuevo jale del equipo, pero al ver sus enfoques a ambos lados míos, giré para ver lo que tanta risa la causaba.

A un lado el “viejo” fingía quererse alejar de mí mientras se agarraba la nariz en señal de mi mal olor y al girar hacia el otro lado, los demás suplentes hacían los mismos gestos con las manos en sus narices. ¡Me estaban dejando como un apestoso ante toda la tele audiencia mexicana!. No sabía si pararme o quedarme quieto, lo único que hice además de sonrojarme y empezar a sudar, fue meterle un golpe en el hombro para que deje de joderme.

Fueron los veinte segundos más vergonzosos de mi carrera, aunque los olvidé al poco rato y más aun cuando me tocó entrar al campo la última media hora de juego. Tuve algunas situaciones de buen juego y el equipo mejoró en esos últimos minutos. Al final el empate a cero fue un justo resultado, pero más que el partido en sí, lo que más recuerdo es la vergüenza que pasé en mi “bautizo mexicano”.