La historia de Juan


PUNTOS DE VENTA "SÍ SE PUDO"

Quiero contarles una historia que refleja la actualidad del fútbol peruano, desde mi humilde opinión.
Quiero contarles la historia de un chico que en vez de ser el que nos lleve al mundial, tal vez sea el que le lleve las compras del mercado a nuestra madre. Ésta es una historia real y muestra según mi experiencia el motivo principal de las continuas decepciones de nuestro fútbol; donde la responsabilidad recae en los que lograron ser exitosos a pesar de las carencias del sistema y lograron llegar a las grandes ligas, y no en aquellos responsables de  llevar a cabo la organización de un deporte que además de generar  multitudes apasionadas, mueve millones de dólares y es uno de los mayores motores de comercio a nivel mundial. Pero ese es un tema que tal vez toquemos más adelante, por ahora quiero contarles sobre este chico llamado Juan; un chico que hasta los 16 años solo cursó el 2° grado de secundaria, porque la economía en su hogar lo obligaba a trabajar en el mercado de Piura. Si desde ya esta historia se hace difícil, tal vez las carencias económicas no sean tan determinantes como la falta  de afecto y apoyo.

 

Pero vamos por partes; empecemos desde el principio. En un canchón de arena de mi barrio, ese asentamiento humano donde me tocó vivir mis mejores experiencias de niñez, pubertad y donde aprendí también que si no peleas no sobresales; donde pasar desapercibido es convertirte en el lorna de tus patas y la burla disimulada de los adultos. En ese mismo barrio creció Juan, el segundo de tres hermanos. Desde muy chico tuvo que trabajar junto a su padre cargando bultos en el mercado y sufriendo como consecuencia de dolores en los riñones y columna; algo convertido en costumbre porque a su edad no se hace caso a esos detalles. Pero además de esa habilidad para trepar 50 kilos de arroz o papas en dos pasos a su espalda, también tenía un regate endiablado y una técnica para pegarle al balón que deslumbraba a cualquier aficionado al fútbol. Esa misma capacidad que me deslumbró y emocionó tanto, que quise a como de lugar llevar a ese chico a los mejores clubes de Lima.

 

La primera posibilidad fue ese mismo año, después de prepararlo un poco en conocimientos de táctica junto con otros chicos del equipo de mi barrio. El destino fue alianza, pero un mal cálculo mío y lo admito, hizo que llegue cuando ya el equipo estaba armado y tenían tanto talento que hasta debían dejar muchos fuera. Pero no me di por vencido y busque a mis formadores de Alianza Lima que ahora trabajan en la universidad San Martín; ellos; plenos conocedores de la realidad peruana; me instruyeron para tratar de brindarle lo básico a este chico. Todo empezó muy auspiciosamente, tanto así que paso la prueba casi de inmediato y su sencillez y carisma hicieron que tanto los técnicos como sus compañeros lo adopten inmediatamente y reconozcan en él la capacidad que solo el  talento logra, tanto talento que su chapa inmediata fue “Messi”; algo  que me emocionó más aun viendo la ilusión de este chico. Todo muy bonito verdad?; el sueño de todo chico humilde así de rápido y justo, ¿verdad?….Pues prepárense para la segunda parte de esta historia.

 

Entonces empezó la bueno; ahora deberíamos convencer a su hermana de tenerlo junto a él, en el cuarto que alquilaba y donde vivía ajustadamente con su esposo y su hija. Sería injusto decirles que fue difícil lograrlo, ella decidió hospedarlo aun sabiendo que no tenía el espacio suficiente; pero no me sorprende porque en el Perú estamos acostumbrados a las carencias y vivir así hasta es parte de nuestras costumbres. Lo de los pasajes corrió por mi cuenta, así como leche, yogurt y algo de fruta para el desayuno. Lo difícil fue que un chico acostumbrado a trabajar y ganar su dinero, acepte ser mantenido por su hermana y un ex futbolista convencido de su talento. Pero lo logramos y es así como por fin todo iba cuadrando y él, con la tranquilidad necesaria, pudo empezar a entrenar con sus nuevos compañeros; los anteriores seguirían tal vez robando gorras y celulares en la esquina de su barrio.

 

Las primeras dos semanas fueron duras pero productivas; su físico acostumbrado al rigor se adaptó muy bien y captó rápidamente las indicaciones de su técnico; las captó tan rápido que se volvió su engreído y primer cambio en los partidos de campeonato. Porque empezó a jugarlo inmediatamente. Pasaron dos semanas más para volverse titular y fue aquí que empezó el verdadero problema.

 

Porque un chico acostumbrado a la vida de barrio; entrar y salir de su casa a cualquier hora y manejar su dinero y no depender de un extraño; no estaría feliz de aceptar regaños de su hermana ni mucho menos tener que guardar los 5 soles de pasajes para entrenar, en vez de invitar con eso a su enamorada. Más aún porque su padre las veces que podía le pedía que regrese a ayudarlo en el mercado. Sí, tal vez piensen lo mismo que yo; ¿cómo su padre le pediría eso, en vez de ser el primer soporte para que luche por sus sueños?, pero esa era la realidad y esa presión al chico lo aturdía, más aún cuando su madre apoyaba su sacrificio y por eso peleaba con su esposo. Esa presión era fuerte; su hermana regañándolo, su padre pelando con su madre por él, recibiendo dinero de un extraño, viviendo en la gran Lima sin sus patas. Pero todo era posible por su sueño; porque él lo tenía; estoy seguro que él lo tenía;… quiero creer que lo tenía.

 

El fútbol era su esperanza, la esperanza de cambiar su vida y también la de su familia y por eso ese primer partido como titular era tan esperado por él; porque sería la confirmación de que valía la pena tanto esfuerzo; ¡Claro que vale la pena!; pensaba él.

 

Hasta que llego el bendito partido; nada más y nada menos que contra Alianza Lima; aquel equipo que no le prestó atención en su primer intento. ¿Qué mejor revancha que esa?, más aún porque él era hincha de ese equipo.
¿Habrán sido los nervios?, ¿habrán sido las presiones?, quiero pensar que no fueron los chimpunes que le había regalado; pero jugó tan mal que su cambio al acabar el primer tiempo no lo sorprendió. Las siguientes dos semanas no fue considerado ni siquiera de suplente. Ese y una nueva pelea con su hermana la semana siguiente fueron los detonantes para que decidiera volver a Piura y darle razón a la estadística de la FIFA; donde 8 de cada 10 talentos en el Perú se pierden.

 

Recibí la noticia de parte de su hermana al día siguiente, quería regresar a su casa, contentar a su padre y apenar a su madre y hermanos que veían en él la esperanza de creer que “si se puede”. Me confirmó la noticia al hablar con él a la media hora; lo único que pude hacer fue comprarle su pasaje porque mis argumentos no sirvieron para nada.

 

Y es así que hoy, después de dos meses, me entero por su madre que él juega por una propina en equipos del Bajo Piura y ni siquiera le presta atención a una lesión en el tobillo por un golpe sufrido mientras jugaba, y es que según sus propias palabras, tal vez es mejor hacerle caso a su papá y “colgar los chimpunes”. Total y según su padre, es mejor vivir su realidad y no vivir de mentiras pensando en ser un gran futbolista.

 

Esta historia acaba con su madre y hermanos sufriendo al ver a Juan cargando bultos y no títulos. Con su padre feliz de tenerlo como apoyo en el mercado y frotándole la espalda en la noche. Conmigo escribiendo estas líneas deseando cambiarle el final y con ustedes leyendo esta historia y entendiendo que el problema del fútbol peruano no está en la disciplina ni las vedettes; el problema del fútbol peruano está en la falta de apoyo para estos chicos. Porque esta es solo una muestra de las mil y un historias que suceden a diario en el Perú.