¡El colegio de mis sueños!


PUNTOS DE VENTA "SÍ SE PUDO"


Era el año 1992 y el diario El Tiempo de Piura daba mucha cobertura a los campeonatos inter-escolares; dedicaba páginas enteras a los equipos participantes y me gustaba leerlo porque a veces salía alguna foto de mi colegio que era siempre un activo participante.

Estudié toda la primaria en el C.E. 15006, era un colegio estatal de mi barrio; mi madre era profesora y mi tío el director. Además de mis hermanos menores, también estudiaban allí mis primos, así que podría decirse que estudiábamos en familia.

Jugábamos en la selección de fútbol y aunque siempre nos eliminaban, éramos entusiastas participantes de los torneos escolares. Recuerdo que una vez, mi hermano Carlos, mi primo Quique y yo fuimos a reforzar al poderoso San Miguel, que era el colegio estatal más grande de Piura; hicimos unos partidos amistosos en unos distritos fuera de la ciudad y para mí fue una gran experiencia.

Pero quería más y mientras leía “El Tiempo” veía las fotos de una selección de secundaria que era siempre la favorita; uno de sus jugadores usaba una venda blanca en la mano, tal vez por alguna lesión; su arquero era siempre portada del diario y el entrenador era un señor mayor de cabeza blanca y con la fama de ser muy recio y ganador en esos campeonatos.

Mi sueño era jugar allí, quería estar en esa selección, que además contaba con una de las mejores canchas de la ciudad. Pero era un colegio particular, pertenecía a una congregación religiosa y pensaba que tal vez mi padre no podría pagarla, así que todo quedaba en ilusión y fantaseaba vistiendo esa camiseta mientras veía las fotos del diario.

Un día me dieron una gran noticia; entrenaría ahí con mi colegio; así que mientras preparaba mi ropa y “chimpunes”, no dejaba de imaginar que tal vez por un momento compartiría el campo con los chicos que veía en el diario.

Cuando llegamos y mientras nuestro entrenador conversaba con los vigilantes en la puerta principal, pegado a la reja veía admirado la cantidad de árboles y plantas que adornaban su interior. Era un jardín inmenso que se abría a ambos lados del portón principal y sobre el fondo se veían varios bloques de edificios de tres pisos con salones de clases vacías.

Entre dos bloques había un pasadizo ancho y se podía notar el campo de fútbol al fondo; unos chicos corrían mientras un señor de gorra roja los dirigía; imaginé que eran los mismos que salían en el diario y me emocionaba cada vez más de poder tenerlos cerca.

Pero nos prohibieron el ingreso; habían confundido las horas y la cancha estaba ocupada; así que con tristeza tuvimos que volver a nuestras casas. Toda la noche recordaba ese momento, había estado en ese colegio, había visto la cancha donde entrenaban y mi ilusión crecía y pensaba que tal vez algún día estudiaría allí.

Ese año acababa la primaria, mi padre quería que estudie en otro lugar la secundaria y yo veía con tristeza como la fecha de inscripción para el examen de admisión de ese colegio ya había pasado.

Pero mi padre me guardaba una sorpresa, llegó uno de esos días y me dijo que daría el examen, quería que estudié allí. Eso sí, me dejó muy claro el esfuerzo económico que haría y debía estudiar mucho para que su esfuerzo valiera la pena. Eso no me importó tanto, haría cualquier esfuerzo por satisfacer a mis padres con tal de estudiar allí y tal vez poder jugar en su selección.

El día del examen fue muy especial, llegué temprano al colegio y mientras buscaba mi aula asignada, veía maravillado la cantidad de canchas de fulbito y básquet que rodeaban a los edificios de salones; también un estacionamientos de bicicletas y sobre el fondo del colegio dos campos de fútbol grandes, una era de arena suelta y pegada, una de grass bellísima a la que no nos permitían ingresar.

Había estudiado mucho y revisé el examen hasta tres veces antes de entregarlo para corregir algún error. Volví a casa y esperé como si fueran una eternidad esos dos días que demoraban en dar los resultados.

Al acabar el plazo, mi padre fue a ver los resultados; yo esperaba impaciente en casa el sonido de su moto al acercarse; llegó sobre el medio día y me llamó muy molesto. Yo estaba muy asustado, pensé que estaría molesto por haberlo hecho gastar dinero en la inscripción para el examen. Me acerqué temeroso y le pregunté por el resultado; mientras él se sentaba en la mesa esperando el almuerzo, me miró serio y con su voz algo ronca me dijo mientras empezaba a sonreír: ¡Felicitaciones, ingresaste al San Ignacio de Loyola!

Esa noche no dormí imaginando ponerme la camiseta verde y amarilla de las fotos; había cumplido un sueño y estaba seguro que se avecinaban momentos lindos defendiendo esos colores.

Este es solo el inicio de tantas historias que tengo que contarles con mi querido colegio.

“HOMBRES PARA LOS DEMÁS”



 

 

 

Comentarios

  1. Me encantaba ir al San Ignacio, mientras ustedes jugaban yo me iba a conocer todo el colegio con Luis, las aulas donde había una esqueleto, el zoológico q me engañaron que había un pingüino, y recuerdo que el chismoso de Pelao nos vio comiendo chups abajo de una mesa del comedor y fue con el chisme y nos pegaron.

    1. Muchas gracias Juan; tuve la suerte de hacer algo que a las personas les gusta, pero detrás de todo sigo siendo la misma persona como cualquier otro, un abrazo y gracias por leer mis historias.