El chico del “Jet Set” cusqueño


PUNTOS DE VENTA "SÍ SE PUDO"


Recuerdo que luego de jugar el último partido del 2010 contra Alianza Atlético de Sullana y asegurar la permanencia del equipo en primera, todos los jugadores nos pusimos de acuerdo para festejar esa hazaña.

    Digo hazaña porque ese año fue muy duro, los jugadores tuvimos que hacer las veces de dirigentes, entrenadores, conseguir dinero para pagar deudas del club, convencer empresas para que aporten, organizar partidos y hasta contratar vuelos chárter para llegar a los partidos, además de irnos con cuatro meses de deuda al final del año.

    Por esos motivos y después de pasar todo un año al borde del precipicio deportivo, era lógico sentir un tremendo alivio y festejar merecidamente lo que hasta una semana atrás parecía algo imposible.

    Quedamos en reunirnos en una de las tantas discotecas que rodean el centro histórico del Cusco: Mithology. Así que pasadas las once de la noche, uno a uno íbamos llegando al lugar y poco a poco el grupo se volvía más grande hasta que casi todos llegamos.

    Yo pedí una cerveza y me puse a conversar con mi amigo y compañero Christian García, mientras el “Chucho” Chávez, Franco Navarro jr. y Raúl Penalillo bailaban con un grupo de turistas que acababan de conocer. Así pasaba la noche, el ambiente cada vez era mejor y poco a poco íbamos recordando con alegría los mil y un problemas que tuvimos que resolver para no descender y llegar felices a ese día.

    Al acercarme a la barra a pedir otra cerveza, un muchacho de unos treinta años, flaco y alto, que usaba unos lentes de intelectual y estaba algo mareado, me tocó el hombro y preguntó si conocía al grupo de muchachos que bailaba a mi lado. Sorprendido le conté que eran futbolistas de Cienciano y no le dije que yo era el capitán. Lo hice porque me dijo que era cusqueño y me pareció algo raro que no nos conociera, pero por modestia le otorgué el beneficio de la duda.

    Como la cerveza demoraba, el muchacho seguía hablando y me contaba con un aire muy vanidoso que estudiaba derecho en Lima, pero que podía darse el lujo de volver al Cusco casi todas las semanas porque pertenecía al “Jet Set” cusqueño. No encontró un término más ridículo y hasta “huachafo” para ostentar que pertenecía al grupo de millonarios del Cusco y no paraba de vanagloriarse de sus viajes al extranjero en primera clase, tal cual los ricos y famosos de Hollywood.

    Al escuchar lo que me contaba, faltó poco para reírme, pero traté de ser diplomático, aunque no se me quitaba de la cabeza esa frase: “Soy del Jet Set cusqueño” y lo miraba esperando que se diera cuenta de las tonterías que estaba diciendo. Mi cerveza llegó pero ya no había forma de escaparme y lo curioso es que agarró más confianza y resultó que sabía más de Cienciano que yo mismo y hasta me pedía que le presente a los jugadores. El “Chucho” al ver mi cara de aburrimiento se acercó y me dijo: “Pincel, está palta ese causa, ¿quieres que te lo quite de encima?”. Inicialmente rechacé la oferta aunque terminé aceptándola sólo minutos después porque cada vez se ponía más pesado y no me dejaba disfrutar la noche de festejo que tanto nos costó.

     El “Chucho” se acercó a él y le dijo: “Ya causa, arranca que estás jodiendo hace rato” y le dio un empujón que obligó al pata a irse asustado.

    Nunca más me volví a encontrar con el pata del “Jet Set” cusqueño; si lo ven, ¡escóndanse!