“Clásico del Su…sto”


PUNTOS DE VENTA "SÍ SE PUDO"


“El fútbol da muchas vueltas”

Es el dicho que a diario repetimos los futbolistas para recordarnos que, en este deporte, pasar del éxito al fracaso muchas veces sucede en fracciones de segundo. Y es que recibir una pelota frente al arco rival en el último minuto de un partido caliente, puede para los futbolistas significar La Gloria – si entra -, como también El Desprecio – si no – de toda la afición.

Hoy quiero contarles sobre un hecho que les dejará claro lo que muchas veces ocurre en nuestras carreras y que solo se percibe dentro de un terreno de juego.

El 2005 volví a Cienciano luego de un tibio paso por el Monarcas de México. Lo hice con pocas luces, tal vez un poco decepcionado por no haberme consolidado en ese equipo.

¿Pero qué mejor que volver al Cusco?, la tierra que, cuál hijo pródigo, me recibiría con los brazos abiertos y ansiosos por brindarme nuevamente su cariño, y donde podría, además, recuperar con tranquilidad aquella luz perdida en el extranjero.

Y es que además de retornar con la moral baja y varios kilos de más, mi rendimiento decayó al punto de poner muchas veces en duda mi titularidad en el equipo, peor aún si el técnico de ese entonces – Jurado -, era uno acostumbrado a jugar con un estilo totalmente diferente al mio.

Pero no lo tomen como una crítica hacia él, porque algo que aprendí de este bello deporte, es que no hay una sola verdad, que cada quien lo siente a su manera, y ya sea jugando feo o bonito, al final los que mandan son los resultados; y en su caso era la segunda vez que le daban la razón.

Pero les confieso que me costaba mucho, el solo hecho de tener siempre la pelota pasando sobre mi cabeza me molestaba, y algunas hasta me irritaba. Pero como donde manda capitán hace caso marinero, debía – a regañadientes -, hacer caso y correr como loco esperando que de casualidad por ahí me queden algunas posibilidades de ponerla al suelo.

Así que aunque la relación con el técnico era tensa y era consciente de que me quería banquear, me esforzaba por encajar en su estilo a la vez que recuperaba mi nivel.

Bajo esas circunstancias recuerdo un partido importante: Llegó Melgar al Garcilaso a disputar un nuevo Clásico del Sur.

Con el estadio casi lleno y toda la fiesta en la ciudad por el reciente título del campeonato Apertura, saltamos a la cancha.

Recuerdo que los primeros minutos fueron de bastante presión, ellos se volcaron en ataque ni bien rodó la pelota dispuestos a aguarnos la fiesta ante nuestra propia gente, mientras nosotros cedimos espacio y solo nos defendíamos esperando el contragolpe.

Fue en esos momentos que noté algo extraño: al mirar hacia la banca en una pausa por una falta a favor de Melgar, vi como Jurado mandaba a calentar a Cristian Ortiz – mi habitual reemplazante -, lo cual antes que preocuparme me pareció extraño ya que solo iban diez minutos de juego.

A los pocos segundos la falta se cobró y ante la peligrosa arremetida de la delantera rojinegra, nuestra defensa no tuvo más opción que rechazar desesperadamente la pelota. El balón largo terminó siendo un pase para Miguel Mostto, quien atento al balón, fue a disputarlo con el defensa central. Yo seguía de cerca la jugada, e intuyendo que Miguel la ganaría, arranqué a velocidad a su espalda aprovechando que nadie me marcaba.

Miguel entendió mi movimiento, y antes que buscar controlarla, solo la peinó buscando el espacio a donde yo había arrancado segundos antes.

El pase me dejó corriendo solo en dirección al arco rival, controlé el balón con la pierna izquierda, enfilé directo hacia el golero Carranza y ante su desesperada salida, rematé cruzado para decretar el primero de la tarde…¡golazo de Cienciano!…uno a cero en el Garcilaso.

Festejamos abrazados debajo de la tribuna popular, y al volver trotando para el reinicio del juego, noté que todos los suplentes volvían también a tomar asiento. Con esa calma me ubiqué en mi campo, esperando el reinicio del partido.

Pero la historia se volvió a repetir, y tras pocos minutos nuevamente vi que Jurado mandaba a calentar a Ortiz a un lado de la banca, lo cual antes que preocuparme me molestó sobremanera. Algo desconcertados nos miramos entre mis compañeros y al hacerle a lo lejos la consulta con los hombros, Cristian me señaló con el dedo mientras continuaba calentando. No me quedó más que resignarme y seguir corriendo.

Con el partido en juego y como si fuera un calco del primer gol, un nuevo rechazo desesperado de nuestra defensa tomó otra vez mal parada a la defensa visitante, aunque esta vez el balón fue en dirección del Checho Ibarra, quien también entendió mi arranque a velocidad, para, peinando la pelota, dejarme nuevamente corriendo solo al encuentro con el arquero rival.

No tuve tiempo de sorprenderme con la jugada, y, aprovechando mi suerte, volví a controlar el balón con la pierna izquierda y ante la nueva salida apurada del golero Carranza, esta vez definí fuerte sobre el palo que defendía….¡Golazo!…¡dos a cero en un partido donde solo habíamos sido atacados!

Después de ello Jurado pareció olvidarse de mi cambio, Melgar sintió la pegada, y replanteando su estrategia, retrocedió sus posiciones temiendo recibir más goles.

Pero como la suerte estaba de nuestro lado, de poco les sirvieron sus precauciones y fue Miguel Mostto quien con dos goles más en el segundo tiempo, decretó una goleada que hizo ver fácil un partido que en realidad había sido bastante complicado.

Pero como les dije al inicio del post, fueron las fracciones de segundo las que cambiaron la historia, y aunque terminé el partido con dos goles y siendo figura, me quedó la clara certeza de que estuve a punto de irme con las manos vacías y molesto a la banca de suplentes.

Así pasa cuando sucede ¿?