Apuesta a la vida


PUNTOS DE VENTA "SÍ SE PUDO"

“¡Solo dos partidos más!”, se repetía Alex mientras entraba al estadio. Había hecho una apuesta arriesgada; eran diez juegos para convertir esos mil soles, en quince mil, y ya había acertado ocho. Normalmente no era tan osado, pero había perdido tanto dinero en apuestas, que quiso recuperarlo todo de una buena vez.

La “U” tenía un partido duro, jugaba de visita ante Cristal, pero su hinchaje y el tres a uno de las apuestas lo motivaba a confiar y tal vez cegado por su obsesión con las “pollas”, hacía que no mida sus impulsos ni su economía.

Mientras sudaba frío cada vez que Cristal atacaba, por su audífono escuchaba el otro partido que faltaba, Real Madrid jugaba a la misma hora y empataba de local y aunque jugaba ante el colero de la Liga española, igual se mantenía tenso ante el parcial resultado.

“¡Gooool del Real!”, gritó alguien a su lado, que así como él seguramente también había apostado. Él ya lo sabía y solo esperaba que la “U” haga lo mismo. El tiempo pasaba y faltando diez minutos para acabar el partido, la “U” anotó. Alex fue feliz y cual hechizo, su cuerpo se alivió y su conciencia tuvo que darle la razón al corazón por haberse arriesgado.

Pasaron los minutos y mientras festejaba el segundo de la “U”, planificaba que hacer con el dinero. Habían sido tiempos difíciles y su obsesión por las apuestas, casi lo habían llevado a la quiebra financiera y también emocional, porque hasta su mujer lo quería dejar. ¡Tiempo pasado!, decía él, las cosas mejorarían; devolvería el dinero de la hipoteca de su casa que ocultamente tomó para apostar y usaría lo demás para pagar las deudas atrasadas de hacía meses.

Se alivió al escuchar el silbato del árbitro dando por ganador a la “U”, aunque inmediatamente su alma se congeló al escuchar por su audífono, como Real Madrid recibía un gol en el tiempo extra.

“¡Se jodió la polla!”, pensó y se quedó inmóvil, como esperando que alguien le dé una explicación, pero hasta el heladero le daba la espalda y en la tribuna ya casi vacía, con el rostro desencajado, lamentaba su mala suerte. Pensó unos segundos y dijo :”Creo que para la próxima mejor le apuesto al Barza”